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El histórico edificio Del Molino continúa reconstruyéndose con el aporte de vivencias

Domingo, 10 de Enero de 2021

Junto con su esplendor arquitectónico, el edificio está recuperando también sus recetarios, voces, colores, sonidos, rituales, aromas e historias a partir de un proceso inédito que busca reconstruir simultáneamente el "patrimonio inmaterial o intangible".

Junto con su esplendor arquitectónico, el Edificio del Molino está recuperando también sus recetarios, voces, colores, sonidos, rituales, aromas e historias a partir de un proceso inédito que busca reconstruir simultáneamente el "patrimonio inmaterial o intangible", contando para ello con la invaluable colaboración de personas que acercan sus relatos, fotos u objetos, sus vivencias.

"Es la primera vez que se hace una intervención de estas características, en la que se está teniendo en cuenta lo que nosotros llamamos la dimensión inmaterial del patrimonio pero también la participación de la comunidad", dijo Mónica Capano, asesora de patrimonio inmaterial de la Comisión Bicameral Administradora del Edificio del Molino.

La especialista aclaró que, por las características de este monumento, su "puesta en valor no tendría sentido solamente desde el punto de vista arquitectónico".

"De hecho, el decreto que declara este edificio patrimonio histórico nacional, no refiere a la importancia de sus valores estéticos, sino a la vida que tenía adentro el Edificio del Molino, que conjugaba la cotidianeidad con lo político", dijo.

En ese sentido, recordó que a la confitería que funcionó hasta 1997 en su planta baja, subsuelos y primer piso, "se la llamaba 'la tercera cámara', porque muchas decisiones que se tomaban en el Palacio Legislativo (ubicado enfrente) se 'cocinaban', café por medio, en este lugar".

"Es la primera vez que se hace una intervención de estas características, en la que se está teniendo en cuenta lo que nosotros llamamos la dimensión inmaterial del patrimonio pero también la participación de la comunidad"

MÓNICA CAPANO

Pero para otras personas, el edificio era simplemente su hogar, porque los pisos tercero al quinto estaban destinados a vivienda, lo que habla de un patrimonio que siempre estuvo "habitado", a diferencia de otros monumentos "sacralizados".

Como ocurre con la recuperación del patrimonio material, el inmaterial también se reconstruye de modo colectivo.

"Hoy cualquier intervención en patrimonio no puede dejar de manejarse con la comunidad porque de lo contrario está destinada a perderse. Por más que sea algo del pasado, su apropiación como tal siempre se hace desde el presente", aseguró.

Y entre las personas que se acercaron a contar sus vivencias en la Confitería del Molino se encuentra Antonio Sanchis (93), quien trabajó allí como maestro pastelero durante 40 años.

Nacido en Barcelona, Antonio emigró con sus padres y dos hermanos a la Argentina en 1947, cuando ya tenía 20 años y una experiencia de tres años como pastelero en una reconocida confitería catalana.

"Cuando entré por primera vez al Molino, me quedé asombrando porque ¡era una cosa tan distinta a lo que había visto allá! Era 50 veces más grande y eso que allá era de primera", dijo Sanchis.

A partir de su visita, los equipos supieron "donde estaban y cuáles faltaban de las máquinas" del primer subsuelo que era su lugar de trabajo, y que la pared no estaba, como hoy, vedando el paso al sector donde "fabricaban bombones de chocolate, frutas abrillantadas y caramelos".

Como maestro decorador de la sección "postres", su especialidad era el diseño y decoración de los huevos de pascua, que de tanto trabajarlos lo dejaron sin huellas digitales en su pulgar derecho.

Juan Frohlich e Irena, en su fiesta de casamiento celebrado el 21 de septiembre de 1973.

En el caso de Juan Frohlich (71) –quien junto a su esposa Irene celebraron allí su fiesta de casamiento en 1973- , la foto que aportó fue fundamental para reconstruir el remate del barandal de la escalera de mármol que lleva al primer piso.

"Llevamos la foto que nos sacamos en la escalera, lo que les permitió reconstruir la luminaria que se ve allí y que no estaba más porque había sido vandalizada", contó.

Pero mucho antes de eso, la Confitería del Molino ya era significativa en su vida.

"Yo recuerdo que de muy chico, a los 8 o 10 años, íbamos con mis padres una vez al año a comprar el 'imperial ruso' y a tomar el té en la confitería, porque vivíamos en la provincia de Buenos Aires y veníamos cada tanto al centro a hacer compras por Florida", dijo.

Ángeles Machado Igarash vivió allí hasta 2012 porque su padre era el portero del ala Callao del edificio.

Ángeles Machado Igarashi (43), por su parte, pudo dar cuenta a esta agencia de lo ocurrido durante tres décadas y media en la terraza, donde vivió hasta 2012 porque su padre era el portero del ala Callao del edificio.

"Tuve el lujo de vivir en ese edificio tan maravilloso", dijo por teléfono desde la ciudad japonesa de Sendai (370 km al norte de Tokio), donde reside.

Con sus padres y su hermano, vivían en una pequeña casita blanca y cuadrada levantada sobre la terraza del edificio, lo mismo que la mítica torre del molino: todo era parte de un inusual patio de juegos para ella, que incluía "mi propio castillo en escala real".

"Cuando íbamos de excursión con mis compañeritos al Congreso yo les señalaba la torre y les decía 'ahí es mi casa', pero ellos no me creían, lo que me frustraba mucho", contó.

Y si el restaurado salón de fiestas del primer piso tendrá su rosetón de bronce decorando la baranda del balcón para orquestas, es gracias a Adelina Tessier (84) que en 1951 festejó allí su cumpleaños de 15.

Era muy común festejar cumpleaños, casamientos o aniversarios en el salón de fiestas del primer piso.

"Era muy común festejar cumpleaños, casamientos o aniversarios y para nosotros era accesible porque mis padres tenían una pequeña industria. En aquel tiempo la persona que trabajaba podía hacerlo", contó.

Dos fueron las orquestas "de moda" que pasaron por el balcón del salón de fiestas Del Molino con ocasión de su cumpleaños, una de ellas la reconocida Varela Varelita.

"Tocaban foxtrox, bolero, melódica y valses. El tango no era muy visto y el rock recién empezaba, no era muy común", contó.

Entre las personas que van siguiendo paso a paso la restauración esta César Gianotti (64), nieto de Francisco, el arquitecto italiano que lo diseñó.

"Es una de las obras más importantes que ha realizado mi abuelo por las innovaciones y desafíos que tuvo que atravesar para su diseño y construcción", contó Gianotti.

Cuando supo de la puesta en valor del edificio "sentí alegría y un orgullo muy grande" porque por un lado "siempre fui admirador de sus obras" y, por otro, "la restauración es increíble y muy profesional".

Capano destacó que "la convocatoria es mérito del grupo de comunicación" de la Comisión, "gente joven que empezó a trabajar en las redes sociales" difundiendo los avances y la historia del edificio.

"Cada vez que se hizo una apertura puntual yo no daba abasto porque las personas me querían contar muchas cosas. Por eso lo que hicimos la última apertura fue trabajar con voluntarias que fueran recibiendo las historias y anotando los contactos para hacer luego entrevista más en profundidad", explicó.