Internacionales - Perú

La República del Perú envuelta en una crisis socio-política

Martes, 17 de Noviembre de 2020

Perú tiene un nuevo presidente interino con Francisco Sagasti, aunque la crisis política difícilmente se solucione con un nuevo jefe de Estado. Con Sagasti serán tres los presidentes que habrán gobernado en apenas una semana. ¿Por se llegó a esto en el país andino?

Tras la destitución de Martín Vizcarra y la ya conocida renuncia de Manuel Merino como interino (quien está siendo investigado por la justicia debido a las muertes durante las protestas y se lo acusa de presunto homicidio doloso), la nación Andina buscaba su tercer jefe de Estado en menos de una semana y de cara a las elecciones generales (programadas para el 11 de abril del año próximo). Ayer, el ingeniero e intelectual Francisco Sagasti fue elegido por la mayoría del Congreso, luego de que el país estuviera más de 24 horas sin presidente.

El gobierno de Sagasti será de transición. Durará ocho meses hasta que en julio del próximo año asuma el gobierno elegido en las elecciones de abril. Tendrá que enfrentar el desafío de devolver la estabilidad a un país convulsionado por el rechazo ciudadano a su clase política.

Pero ¿Cómo se llegó a esta situación caótica? y ¿Cómo el país llegó a tener tres presidentes en una semana? Lo que pasó en los últimos días, para el pueblo peruano, no es una sorpresa en su totalidad, sino que demuestra un desgaste de la dirigencia política.

El pasado martes 10 de noviembre a exactamente 152 días de las elecciones generales programadas para el domingo 11 de abril del año próximo, el Congreso de la República decidió, con 105 votos a favor, 19 en contra y 4 abstenciones, destituir al Presidente en funciones, Martín Vizcarra.

Bajo la figura constitucional de “incapacidad moral permanente”, algo que abunda en Perú, la cúpula presidencial electa sobre el cierre del año 2016 con el 50,16% de los votos quedó desintegrada en su totalidad. 

Primero el Presidente electo, Pedro Pablo Kuzynski; luego la vicepresidenta segunda, Mercedes Aráoz; y finalmente, el propio Vizcarra darían cuenta del desgaste pleno que la representatividad política peruana transita desde hace décadas. 

¿Por qué se destituyó a Vizcarra? La figura de “incapacidad moral” responde a una moción de vacancia (un pedido de destitución) anclado en la denuncia de que el mandatario recibió la suma de 2.3 millones de nuevos soles a cambio de otorgar dos contratos de obras públicas cuando era gobernador del departamento de Moquegua (2011 – 2014).

Si la pregunta es si el Congreso destituyó al jefe de Estado en funciones a menos de cinco meses de las elecciones presidenciales por una denuncia cuya resolución y tratamiento recién está por comenzar (y lógicamente no hay veredicto) la respuesta es sí. 

De hecho, siguiendo con la dinámica de los jornales, 53 días antes de su destitución, Martín Vizcarra asistió al Legislativo para pronunciarse sobre otra moción de vacancia sobre su cargo. 

El 18 de septiembre y a partir de una filtración de audios en los que se lo acusaba de solicitar a funcionarias del Palacio de Gobierno que mintieran sobre la contratación de un cantante para un acto público, se votó por primera vez sobre la continuidad del ex gobernador al frente del Ejecutivo. 

En aquella oportunidad solo 32 legisladores votaron por la vacancia (un número bastante lejano a los 87 requeridos por ley) mientras que 78 la rechazaron y otros 15 se abstuvieron, dando un espejismo bastante corto e ingenuo de que la relación entre Vizcarra y la Cámara podría recomponerse.

¿Osea que estaba rota? En septiembre del año pasado y haciendo uso de sus facultades constitucionales el Presidente disolvió el Congreso tras que éste le denegara la moción de confianza a su Gabinete. 

Además, en esa misma resolución adelantó elecciones para recomponer al Legislativo, ese mismo que además en un referéndum convocado por su persona eliminó la posibilidad de reelección para los parlamentarios y el rechazo a la bicameralidad. 

Se trató del primer referéndum de impacto constitucional desde el “autogolpe” de 1992, promovido por Alberto Fujimori quien convocó a la ciudadanía para preguntar si apoyaba o no su proyecto de una nueva Constitución, la cual fue aprobada y rige el Perú hasta el día de hoy.

A partir de lo que se vive la coyuntura política peruana se presenta como un inevitable resultado del propio sistema político. La inestabilidad política, la reciprocidad entre partidos políticos sin una base política sólida y un electorado volátil, la ineficacia estatal, la corrupción y el desencanto ciudadano se presentan como los aspectos que en cualquier período relativamente cercano a la historia describirían al sistema político del país.

Es importante, entonces, señalar que el destino de la gran mayoría de los presidentes que han pasado del año 1975 a la fecha ilustra la contundencia de esto: Francisco Morales condenado a cadena perpetua, Alberto Fujimori, si bien indultado, fue condenado a 25 años, Alejandro Toledo con orden de detención y extradición, Alan García investigado y terminó por suicidarse, Ollanta Humala primero detenido, actualmente acusado de varios hechos de corrupción y Pedro Kuzynski inhabilitado a abandonar el país.

En el contexto actual, la proliferación de nuevos partidos de extremada precariedad ante cada escenario electoral, sumado a la debilidad y prácticamente ausencia de partidos tradicionales con representación política (con excepción del fujimorismo), generan un escenario donde la desconfianza del electorado sobre los partidos políticos del país en este momento es demasiado profunda.