miércoles 12 de junio de 2024 - Edición Nº421

Interés General | 6 jun 2024

DDHH

Falleció Lita Boitano, luchadora de derechos humanos

La presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas tenía 92 años. Era la madre de Miguel y Adriana, desaparecidos por el terrorismo de Estado. Militante peronista y feminista, y pionera en la recopilación de las primeras denuncias en 1976.


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Lita pasó más de la mitad de su vida buscando a su hijo y a su hija, desaparecidos durante la última dictadura. Ambos se habían criado en una casa peronista y desde chicos habían comenzado a militar. 

Miguel Ángel tenía 20 años. Era estudiante de Arquitectura en la UBA e integrante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Fue secuestrado el 29 de mayo de 1976, apenas dos meses después del golpe cívico – militar, y fue visto por sobrevivientes en el centro clandestino de detención de la ESMA. Adriana, de 24 años, era estudiante de la carrera de Letras e integrante de la JUP. Fue secuestrada casi un año después, el 24 de abril de 1977 y nunca más se supo de ella. 

Su vida dio un nuevo vuelco cuando en enero de 1979 viajó a la Conferencia Episcopal en Puebla, México, en representación de Familiares, para denunciar ante la Iglesia las violaciones a los derechos humanos en el país. Viajó acompañada por un joven que resultó ser un secuestrado de la ESMA que los represores habían enviado para intentar infiltrar a Montoneros en el exilio. Ante el riesgo que implicaba volver al país, viajó a Europa. Comenzó en Francia, pasó por Bélgica, Holanda, Suecia, hasta que llegó a Italia. En todos los lugares continuó denunciando a la dictadura y juntando fondos para los organismos argentinos. 

“El 15 de diciembre de 1983 subí al avión que me trajo a la Argentina, llegué el 16, cinco días después de la asunción de Alfonsín, y de Ezeiza fui directamente a Familiares. El avión llegaba a las 13:30 y yo sabía que a las 14 había reunión en Riobamba 34, la nueva sede que no conocía. Entonces ahí me encontré con las compañeras y de ahí no me moví más”, contó a Haroldo sobre su regreso al país. 

La lucha por encontrar vivos a sus hijos se convirtió luego en la búsqueda de la verdad sobre qué les había pasado y en el pedido de justicia para quienes habían llevado adelante el terrorismo de Estado. 

A pesar de todo ese dolor, Lita nunca perdió su sentido del humor. Su sonrisa siempre iba por delante de su pequeño cuerpo, adornado con los pines con las fotos de Adriana y Miguel Ángel y de Familiares. Los dedos en “v” y el pañuelo verde atado en la muñeca siempre estuvieron en alto en una dirigente que reivindicó su identidad peronista y su militancia feminista, movimiento que conoció durante su exilio. Quedará en la memoria su lucha, su ejemplo, su alegría y su característica voz gastada, que cerraba cada acto en el que participaba con su grito de “30 mil compañeros detenidos – desaparecidos, presentes. ¡Ahora y Siempre!”. 

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