La guerra en Irán podría empujar a más de 30 millones de personas a la pobreza en todo el mundo, según advirtió el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en un informe reciente. El organismo alerta que el impacto económico del conflicto ya se siente a escala global y podría profundizarse incluso si se consolida un alto el fuego.
El estudio describe un “triple shock” provocado por la guerra: el aumento de los precios de la energía, la disrupción en las cadenas de suministo de alimentos y la desaceleración del crecimiento económico. Esta combinación afecta de manera desproporcionada a los países en desarrollo, que tienen menos margen para amortiguar la crisis.
Uno de los factores clave es el encarecimiento del petróleo y el gas tras la interrupción del tránsito en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el comercio energético global. Ese impacto se traslada rápidamente al costo de los alimentos, por el aumento de fertilizantes y transporte, y presiona sobre la inflación en todo el mundo.
Según las proyecciones más pesimistas del PNUD, hasta 32,5 millones de personas podrían caer en la pobreza si el conflicto se prolonga. Gran parte de ese deterioro se concentraría en países importadores de energía en África, Asia y regiones insulares, donde los hogares ya destinan una porción significativa de sus ingresos a bienes básicos.
El informe advierte además sobre un fenómeno particularmente crítico: millones de personas que habían logrado salir de la pobreza podrían volver a caer en ella. “Es desarrollo en reversa”, sintetizaron desde el organismo, en referencia al retroceso de años de avances sociales.
En paralelo, la ONU plantea que el escenario se agrava por el recorte de la ayuda internacional en los países desarrollados, que hoy priorizan el gasto interno y la inversión en defensa. Esa combinación de crisis económica global y menor asistencia reduce la capacidad de respuesta frente al aumento de la vulnerabilidad.
Como respuesta, el PNUD propone implementar transferencias directas y focalizadas para los sectores más afectados, con un costo estimado de unos 6.000 millones de dólares. Sin medidas coordinadas a nivel global, la guerra en Irán puede convertirse en un punto de inflexión que profundice la desigualdad y la inestabilidad en amplias regiones del planeta.
En ese marco, el conflicto deja de ser un episodio regional para transformarse en un problema estructural del sistema internacional: un shock que no solo redefine equilibrios de poder, sino también las condiciones materiales de vida de millones de personas en todo el mundo.