lunes 25 de mayo de 2026 - Edición Nº1133

Interés General | 25 may 2026

TEDEUM

García Cuerva llamó a la solidaridad con el dolor ajeno y remarcó que «nadie es descartable, nadie es desechable»

19:49 |En una homilía con definiciones políticas y sociales el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, exhortó este 25 de mayo a poner fin “a la división y la polarización”. Sin menciones directas al Gobierno, hizo referencias a la violencia discursiva, la desigualdad y la falta de diálogo.


 Desde la Catedral Metropolitana, el jefe de la Iglesia porteña reclamó “curar las parálisis sociales” y cuestionó el clima de agresión que atraviesa a la Argentina. En varios momentos de su discurso pidió terminar con el odio y la persecución en las redes sociales. 

Durante la ceremonia de la que participó Milei junto a miembros de su gabinete, García Cuerva advirtió que “ya no se pueden sostener sobre sus derechos” amplios sectores de la sociedad y llamó a terminar con “el sálvese quien pueda”, al que definió como “un individualismo cruel que rompe los vínculos de solidaridad”.

El arzobispo planteó que el país necesita reconstruir consensos básicos y enumeró “cuatro acuerdos fundamentales”: “bien común, diálogo, amistad social y esperanza”. En ese marco, pidió “basta de arengar la división social y la polarización porque nadie se salva solo”.

Frente a la mirada rígida del presidente y sus ministros, García Cuerva exigió de manera tajante «basta de arengar la polarización» y reclamó a la dirigencia política diálogo y reconciliación por los sectores que «no pueden más». Apoyado en citas históricas y textos pontificios, el religioso hizo un llamado urgente a la solidaridad con el dolor ajeno y remarcó que «nadie es descartable, nadie es desechable». La Iglesia puso nombres propios a los olvidados por la gestión libertaria y enumeró la necesidad de sostener de forma prioritaria a los abuelos, los niños, los enfermos y las personas con discapacidad.

“No es cuestión de buscar rápidamente responsables que, con sinceridad, y cada uno desde su lugar, un poco somos todos, sino en tomar conciencia que tenemos la enorme responsabilidad de ayudar a curar tantas parálisis personales, familiares, y también sociales” afirmó el arzobispo. Subrayó que no se trata de buscar culpables sino soluciones. Y criticó a quienes hablan y critican “apoltronados en su comodidad y en sus seguridades”. Porque-dijo- “viven de privilegios, alejados del común de la gente, perdieron la sensibilidad con los que sufren, critican a los que invitan a hacer el bien”.

Refiriendo al pasaje bíblico agregó que aquellos escribas que estaban mirando lo que Jesús hacía eran “odiadores de aquella época, sentados en la casa de Cafarnaúm, haters de hoy, sentados frente a una computadora de su escritorio, o cómodamente instalados delante de una pantalla para hacer terrorismo de las redes, descalificando, difamando”.

En otro pasaje García Cuerva advirtió enfáticamente que “no nos podemos permitir ser ingenuos: la sombra de una nube de desmantelamiento social se asoma en el horizonte mientras diversos intereses juegan su partida, ajenos a las necesidades de todos”. Y “el sálvese quien pueda” no es más que “expresión de un individualismo cruel que rompe los vínculos de fraternidad y descompone la Nación, porque terminamos siendo una suma de individuos en un mismo territorio donde cada uno piensa en sí mismo y en el propio bienestar”.

“Nadie es descartable, nadie es desechable, todos somos importantes, comenzando por los abuelos, los niños los enfermos, las personas con discapacidad, los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, los trabajadores informales y precarizados, y tantos más”, dijo haciendo un listado que incluye a casi la totalidad de personas y sectores por cuyos derechos vienen reclamando los distintos obispos, en diferentes diócesis y circunstancias, y también la Conferencia Episcopal como cuerpo representativo de la dirigencia eclesiástica.

El mensaje del Tedeum volvió a colocar a la Iglesia en una posición crítica frente al clima social y político que atraviesa el país. Aunque evitó menciones directas al Gobierno, las referencias a la violencia discursiva, la desigualdad y la falta de diálogo quedaron inevitablemente asociadas al estilo de confrontación que domina buena parte de la escena pública desde la llegada de Milei a la presidencia.

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