El gesto ocurrió durante la presentación de Mis muertos tristes, la producción dirigida por Pablo Larraín que integra la Sección Oficial del festival.
Las cuatro actrices caminaron juntas frente a los fotógrafos con tapados y chaquetas de distintos tonos. El mensaje estaba en la espalda y quedó expuesto cuando, coordinadamente, se dieron vuelta ante las cámaras: sobre una ilustración de las islas podía leerse “Las Malvinas son argentinas”. Fonzi compartió después las imágenes en sus redes sociales y el video de la intervención comenzó a circular rápidamente.
No fue una elección aislada. Apenas unos días antes, Lali Espósito había llegado al mismo festival con una remera blanca que llevaba la frase en negro. El diseño utilizaba una tipografía asociada a la bandera que la Selección Argentina exhibió durante los festejos posteriores a su victoria ante Inglaterra en el Mundial 2026. La aparición de las cuatro actrices retomó aquella estética, pero la transformó en una acción colectiva y vinculada directamente con la presencia argentina en el festival.
La coincidencia hizo que la consigna apareciera dos veces en pocos días en uno de los principales escenarios internacionales del cine. En el caso de Morán, Fonzi, Flechner y Álvarez, además, el mensaje quedó asociado a una película que forma parte de la competencia oficial y a una delegación artística argentina que estaba allí para presentar su trabajo.
Mis muertos tristes está dirigida por Pablo Larraín y cuenta con un elenco encabezado por las cuatro actrices. La historia sigue a Ema, una médica recientemente jubilada que tiene la capacidad de ver a los muertos, en una trama donde las fronteras entre vivos y fallecidos comienzan a desdibujarse. La película forma parte de la Sección Oficial de la edición 2026 del Festival de San Sebastián.
El mensaje sobre Malvinas tiene, además, una dimensión que excede al festival. La cuestión de la soberanía de las islas continúa siendo una disputa entre la Argentina y el Reino Unido reconocida por las Naciones Unidas. La ONU incluye a las Malvinas en su lista de Territorios No Autónomos y su Asamblea General aprobó en 1965 la resolución 2065, que reconoce la existencia de una disputa de soberanía y llama a ambos gobiernos a negociar una solución pacífica.
La posición argentina sostiene sus derechos de soberanía sobre las islas y reclama la reanudación de las negociaciones. El Reino Unido, por su parte, sostiene su soberanía sobre el archipiélago. La propia documentación de Naciones Unidas registra ambas posiciones.
En San Sebastián, sin embargo, el reclamo apareció lejos de las mesas diplomáticas y dentro de un espacio particularmente visible de la industria cultural. Primero fue Lali, que además explicó ante la prensa las razones de su elección. Después fueron Morán, Fonzi, Flechner y Álvarez, que eligieron convertir la espalda de sus prendas en una suerte de cartel colectivo frente a las cámaras.
La escena tuvo además un antecedente inmediato en el fútbol. La bandera con la frase “Las Malvinas son argentinas” que apareció durante los festejos de la Selección después de eliminar a Inglaterra en el Mundial 2026 volvió a instalar la consigna en imágenes de circulación global. En San Sebastián, esa iconografía pasó del estadio a la alfombra roja y del fútbol al cine.
Así, en pocos días, un festival internacional terminó ofreciendo dos escenas argentinas alrededor de una misma frase. Primero una cantante y actriz, después cuatro intérpretes que llegaron juntas a presentar una película. En ambos casos, la decisión fue llevar al centro de una escena cultural internacional un reclamo de soberanía que suele aparecer ligado a la diplomacia, la política exterior o la memoria de la guerra de 1982.